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Posts en la categoría ‘Cine’

Nouvelle Vague o los últimos románticos {Nº22 Romance}

“Me quieres de forma insana”, me dijo. Y yo, estúpido, pensaba que sólo había una forma de querer: la de verdad. Pero igual que no hay una sóla manera de vivir (quizás sí sólo una de hacerlo bien), tampoco el amar tiene imagen común para todos los casos. El tiempo me hizo ver que sí, que el romance de mordiscos y surcos que dejan las lágrimas no es el más adecuado. Y también que es mejor mirar a los maestros antes de lanzarse a sentir. La Nouvelle Vague cumplió en 2009 50 años de producción fílmica; Al final de la escapada celebra estos días el medio siglo. Un movimiento que dejó lecciones políticas, morales y sobre todo estéticas todavía vigentes… y que enseñó a los menos vividos nuevos discursos amorosos. El ‘aire de su tiempo’ pasando entre los labios y las piernas.

Vale que Godard contextualizó a sus personajes en la guerra de Argelia (Le petit soldat, 1951) o que Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1963) tenga un poso histórico importante. Pero el fenómeno tiene sentido por entender la modernidad de otra forma. Quizás desde la pasión de sus directores por la escritura, principio de todo. Umbral decía que él no había leído demasiado en su vida. Ya. También Miguel Bosé se declaró fan de Vainica Doble. Ambos mentían; su producción nunca hubiero sido igual en ese caso. Leer cuenta.

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Hay signos de las novelas de Laclos en estas nuevas historias de vidas nuevas, y hasta los estudiosos han conseguido desmentir que Godard improvisaba tanto como decía. Todo estaba (bien) escrito. Sobre todo la nueva realidad. La ciudad cambia y sus gentes también: casas para solteros, Gin Tonic por la mañana, periódico y café en soledad y camas para tres. Distinta lluvia, distinto amor. Los problemas sexuales de Jean Eustache en Le pere Noel a les yeus bleus (1966); el cortejo fácil en Les dragueurs de Jean-Pierre Mocky; el triángulo de desnudos bizarros de La belle noiseuse (Jacques Rivette, 1991).

¿Amor? No reflexioné mucho sobre eso. Me llega al espíritu la frase de Lacan: el amor es querer dar algo que no se tiene, a alguien que no lo quiere. En realidad la palabra amor no debería utilizarse. La palabra amistad es más fuerte”. (Jean-Luc Godard)

El primer contacto, la conversación determinante (con fines amorosos o puramente estéticos; qué bonita es la almohada con un cuerpo sobre ella) siempre como punto de partida. El de un Rohmer, recientemente desaparecido porque la edad no perdona ni a los modernos, que nos enseñó que la paciencia y la carne en bikini es material de primera. La historia de casi infancia en Pauline en la playa o esa reflexión sobre el futuro del romance que es La rodilla de Clara: dos personajes ‘juegan’ a descubrir como será el cuerpo adolescente cuando el tiempo haga estragos malos. Maravilla.

“Quiero volver a acostarme con usted”, le dice Belmondo a una Seberg maravillosamente bella. Y ella no se fía mientras él intenta por todos los medios que le regale una sonrisa más. Siempre ocurre. En una cena, puede que jamás llegues a escuchar lo que dice esa chica porque en tu cabeza sólo suena un ‘qué guapa está’ amplificado. Y todo estará bien. Regalar el orden de tus lunares y el secreto de tus cosquillas una y otra vez ya no es un problema porque, al final, cada romance es distinto. Las confidencias se pierden al multiplicarse, claro, pero siempre será mejor que n0 contarlas nunca. Que salga bien o mal, que dure o no dure, es secundario. Vivir es más importante.

Fdo. Daniel Borrás

¿Amo? a mis mitos {Nº22 Romance}

Por fin sabemos porqué Marilyn Monroe dormía desnuda, vestida sólo con un toque de Channel Nº5. Al parecer, y según uno de sus últimos biógrafos buitres, la rubia más explosiva de Hollywood sufría de colón irritable, una dolencia muy común que además de alterar los ritmos defecatorios produce numerosas ventosidades inoportunas. Según la misma fuente, la malograda actriz era además bastante guarrindonga, tenía la mala costumbre de comer en la cama, tirar al suelo los desperdicios y dejar las sábanas llenas de migas. Como no solía usar bragas no podía recurrir al truco de las damas más refinadas del siglo XVIII que cosían cápsulas de perfume a sus prendas interiores para romperlas en caso de apuro, prehistóricos ambientadores íntimos. Los malos hábitos de la estrella, asegura el biógrafo, le impidieron entablar un romance con Cark Gable durante el rodaje de la que iba a ser su última película, Vidas rebeldes, un filme maldito que fue como un réquiem anunciado para tres de los actores que lo protagonizaban.Aparte de Marilyn y Cark, el ambiguo Monty Clif.

Que a estas alturas, tantos años después de su muerte todavía se aireen los pedos de Marilyn, es muestra de la fuerza de un mito inmortal creado en torno a una personalidad frágil y enfermiza.¿Quién no se ha enamorado de Norma Jean precisamente a causa de todos sus defectos, pedos incluidos, y del trágico destino que empañó su aparentemente triunfante vida? Nadie es perfecto.Con toda su miseria y grandeza la vida de Marilyn es paradigma de cómo el éxito y la celebridad puede mimar a una persona e igualmente devorarla cual piraña insaciable de lujuria. Pobre y patética Marilyn, tan deseada y falta de auténtico cariño.

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La exhumación de los pedos de Marilyn demuestra también que estamos en una época propicia al descrédito y desprestigio. Hay un tiempo para poner a los ídolos sobre pedestales, que diría Antonio Gala, y otra para tirarlos a pedradas y arrástralos por el fango.Ahora estamos en este último periodo. No hay un gran hombre para su mayordomo, ni una gran dama para su doncella, lo sabemos, pero lo que hoy mola es poner de manifiesto la cara más oscura y por ello más oculta de los personajes, bien sean públicos y notorios, bien anónimos ciudadanos que ventilan sus intimidades en la televisión.

Entre la hagiografía o halago y la sistemática demolición digo yo que habrá un término medio razonable. Entre la idealización pueril y el acoso y derribo una mirada humana y comprensiva.La capacidad de admiración ante nuestros semejantes es un sentimiento positivo que nos dignifica y que ahora mismo es deficitario.La gente idolatra, pero no admira, sobre todo, los más jóvenes enganchados a esas maquinitas plagadas de héroes planos que no ofrecen modelos de conducta y ni siquiera se echan pedos.

Fdo. Isabel C.

Marguerite Duras, desear es destruir {Nº9 La conexión}

Tiempos extraños

Éstos que nos ha tocado vivir.
Éstos donde se trata de sumar, no de restar, donde cada paso es un esfuerzo y cada llamada una deuda. Donde escalamos muros porque hay que escalarlos, porque hay que ganar, ser más que el otro.
¿No se suponía que los escalábamos por algo?  ¿No rescatábamos princesas? ¿No saldábamos cuentas pendientes?
Tiempo extraños, donde vemos el marco y no el recuerdo; aquí, donde las teclas crujen en cada párrafo y cada párrafo de cada blog es una llamada, una necesidad de aquí y ahora. Del yo soy más.

“No quiero ser”

Marguerite Duras fue novelista, guionista y directora de cine. Nació en Saigon, tras unos ojos rasgados y un hambre voraz de no ser. Fue, desde el principio, una mujer excesiva, contradictoria, atormentada, difícil y marcada por la ira y los desengaños, el alcohol y las depresiones, inundada, en fin, de sueños trágicos, amor y odio.
Deja Indochina con 18 primaveras y es expatriada al París de los adoquines y los sueños imposibles -los únicos que merecen la pena-, el París de la ocupación Nazi, donde comparte mesa con Sartre, Simone de Beauvoir, Camus y Mitterrand.
Elige el compromiso, es parte activa de la Resistencia y milita en el Partido Comunista, del que fue expulsada por disidente en 1950 y también condenó, sin fisuras, el golpe de estado del 23-F acusando a la corona española de complicidad en el mismo.

Escribe. Sin cesar. Sin más objeto que escribir, que es buscar fuera de uno mismo lo que está ya dentro de uno mismo.

Escribir es no ser nadie. ‘Muerto’ decía Thomas Mann”.

Escribe el guión de la película Hiroshima mon amour y, con El Amante, Duras gana los premios Goncourt y Hemingway y su nombre en los libros de texto. Su nombre, ese que trataba de escaparse -huir- entre la tinta y el papel, acariciando cada palabra. Marguerite Duras muere sola un día de marzo del 96 y es enterrada en el Cementerio de Montparnasse donde, al fin, se entrega al silencio.

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Desear es destuir

Duele y estremece leer a Duras.
Duele observar su entrega sin medida. Sin causa ni recompensa, sólo desaparecer:
El sujeto desea el objeto y se satisface en la negación de la identidad y subsistencia de éste. Esa negación es, pues, satisfacción, consumo, destrucción” (Eugenio Trias, Tratado de la pasión).

En su obra tintinean los pasos de la destrucción ligada, claro, al deseo. La destrucción es obra del deseo y en sus páginas los amantes se estremecen de una manera diferente, visceral, ausente y trágica. La amante no puede sino quebrarse, entregarse por última vez buscando la única salida: el encuentro, la posibilidad, el otro.

“Vendrá un tiempo en que no sabremos que nombre dar a lo que nos una. Su nombre se irá borrando poco a poco de nuestra memoria y luego desaparecerá por completo”.
(Hiroshima mom amour)

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· El 14 de septiembre se ha puesto a la venta el “Cofre Marguerite Duras“, dos películas y un libro en una edición limitada (1000 ejemplares) que reúne, además, el texto dramático “India Song” y su posterior puesta en escena cinematográfica.

· El excelente ensayo de Amelia Gamoneda “Marguerite Duras, la textura del deseo” está disponible en Google Books.

Fdo. Jesús Terrés

Así es el Tom Ford director {Nº7 Punto de Partida}

Tom Ford conquistó el mundo (de la moda). Ahora va a por el resto. Relanzó Gucci desde su llegada en 1994; se pasó por Yves Saint Laurent para hacer lo mismo; abandonó todo para lanzar su propia firma cuando le dio la gana. Tiene biografía para leer durante una buena tarde.

Es un paso más allá de todo. Donde Yves veía sensualidad, el vio sexo. Originario de Santa Fe (Texas), inventó el porno chic. Busca en manuales de moda o intenta recordar: la chica con el vello púbico en forma de G es suya. El maromo desnudo que vende perfume enseñando algo más que el perfume también. Después, metió unos cuantos frascos entre las piernas de algunas amigas. Escándalo, claro.

Más tranquilo (y rico) continúa abriendo tiendas de moda masculina exclusivas. El cliente elige el forro, el botón y entre 14 esencias privadas. Y empezando siempre de cero con la intención de conquistar lo que todavía no tiene.

Estos días presenta en Venecia su primera película como director, A single man. No ganará, pero ahí está. Sorprenderá a la gente, cuentan; será mejor de lo que todos esperan. Más seria. Adaptación de la novela homónima de Christopher Isherwood en la que cuenta un día en la vida de un profesor homosexual inglés que tras la repentina muerte de su pareja escapa a California, es la perfecta pintura de su universo creativo.

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El hombre (que no está) solo

A su diestra un español, Eduard Grau, que se convirtió en director de fotografía y ganador de la lotería al mismo tiempo. “En la cola de un cine del festival de Edinburgo conocí a una chica a la que le pasé una bobina. Luego ella me recomendó a Ford y tuve suerte”.O no. Tom vio esa bobina de dos minutos tres veces. Y decidió que era él.

El que fuera director creativo de Gucci ejerce en su silla de director como tal. Con los objetivos claros. Con la cinta grabada antes de empezar. “Tom tenía ya muchos referentes de revistas y fotos de los 60 pero siempre mezcladas con otras contemporáneas, quería que fuera una peli de época pero con un look muy moderno”.

Grau habla siempre de Tom como Tom, a secas. Es un tipo amable, dice, de trato humano y simpatía única. “Pero sabe lo que quiere, tiene muchos conocimientos de arte, decoración, moda… donde no llegaba su experiencia en cine aplicaba su gusto personal”.

Visualmente, las primeras imágenes del film muestran un escenario y un color apabullantes. La historia importa, en principio, tan poco como el color de una cremallera de un pantalón que sienta bien. Pero con matices, claro. “Es un genio creativo, al que le gusta controlar cada uno de los aspectos artísticos de su obra. Busca obsesivamente la perfección y la belleza es siempre su meta. Trabaja muchísimo, durmiendo poco y mejorando continuamente las ya de por sí buenas ideas que acumula”.

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También es inteligente dosificar tus poderes. La encargada del vestuario, sorprendentemente, es Arianne Phillips, (mediáticamente) conocida cómo estilista de Madonna y nominada al Oscar por Walk the line. “Pero Tom, sin embargo, estaba siempre supervisando y los trajes que lleva Colin Firth son diseño suyo basado en la época. Para el vestuario de Julianne Moore hicieron muchas pruebas y al final se decidieron por un vestido muy sobrio y muy elegante”.

Elegancia para el hombre que reinventó la elegancia. Si hoy está legitimado llevar la camisa abierta hasta la mitad fue gracias a él. No lo olvides. Él intenta también justificar lo que siempre fue su trabajo. No es ni un sastre, ni un empresario, ni un director de cine. Es un creador. Siempre rodeado de excelencia. Siempre en el punto de partida.

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+A Single Man se presenta del 2 al 12 de septiembre en la 66 Mostra de Venecia, con Colin Firth y Julianne Moore como protagonistas.

+Eduard Grau es uno de los jóvenes talentos nacionales más prometedores. Entra en www.edugrau.com y sorpréndete; es el responsable de un montón de imágenes que seguro has visto ya.

Fdo. Daniel Borrás

John Huston, las Bellas Artes y una grieta en la mirada {Nº3 Clásico}

“Mi vida ha estado muy bien, pero no tengo la menor idea de cómo llegué a este momento de mi vida, en el que he perdido la huella de mis años. He vivido muchas vidas y me inclino a tener envidia al hombre que vive una sola, con una mujer, un trabajo, un país… bajo un solo Dios. Quizá esa no sea una existencia emocionante, pero al menos cuando llega a mi edad sabe cómo ha llegado. Yo no lo sé. Sólo cuento los nombres de aquellos que se han ido y de aquellos que aún están: los cuento como un pirata cuenta su botín al final de un largo viaje”.

Lo firma John Huston, el mismo que abrió la puerta del cine con ‘El halcón maltés‘ y la cerró con ‘Dublineses‘. El mismo que rodó su testamento en silla de ruedas y con máscara de oxígeno. El mismo que amaba la vida más que a sí mismo, el mismo que huía hacia adelante, que pintaba, boxeaba, bebía, apostaba, ganaba, perdía, caía y se levantaba.

El viejo de Nevada no era amigo de andarse con rodeos. En “Dublineses” adapta un libro corto de James Joyce, ‘Los Muertos‘, y sienta en la mesa, sin aderezos ni vaselina, a la zorra de la guadaña.

“El aire del cuarto le helaba la espalda. Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.”

Forma parte de la secuencia final. Durante la misma, Huston, por primera vez en todo el metraje, se distancia del libro de Joyce y de su propia mirada, también de su filmografía anterior y de la retina que observa la escena desde la butaca.

Todos, de alguna manera, ya estamos muertos.

Muertos como los personajes que pueblan cada plano de la película, como los días grises que nacen con el despertador del móvil, como los créditos hipotecarios y los sueños aplazados para un mejor mañana, ese Macondo en el que no suena el despertador.
Ese que no llegará nunca.

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Una grieta en el museo

El relato de Joyce funciona como una despiadada crítica al inmovilismo, a un tiempo que se consume. A una sociedad atrapada en sus viejas convenciones, sin expectativas ni rosas blancas.

Lo mismo que parecen gritar las paredes del museo de Bellas Artes de Valencia, la segunda pinacoteca de España (después del Prado), un gigante de piedra y barro, una decadente sombra, inerte y mustia, que observa desde la barrera como pasan los años, los Calatravas, las nits del foc, las regatas, las modas, los periódicos electrónicos y las revistas de tendencias.

El museo se ahoga, como Artax, en el pantano de la tristeza. Se muere. Veinte años de una interminable obra de ampliación inacabada, grietas aparecidas en retablos góticos, problemas de climatización, desapariciones y goteras.
Y se muere, por encima de todas las cosas, porque nadie lo mira. Porque nadie se emociona en sus salas, porque los pasos se oyen fuera, allá donde suenan los despertadores.

No sé cual es el epitafio de Huston. Pero imagino las palabras escritas en la carta dentro de la botella,
Las cosas se acaban. Sin más, sin neones ni retrospectivas en La Fábrica ni notas a pie de pagina.
Se acaban.

“Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.”

Fdo. Jesús Terrés