Ars Bibendi · Metronom, Colonia

En el Metronom de Colonia se puede beber poco más que Canadian Club, cerveza local, alguna ginebra cazallosa y un Manhattan que cuesta cinco euros y puede oscilar entre dos extremos: “gritty”, arrebatado de Angostura; o excesivamente goloso por efecto de unos potentes golpes de almíbar de cereza. Sin embargo, sólo un imbécil negaría estar en uno de los mejores bares de Europa. Desde 1968 aguantan las paredes nicotínicas del tugurio, regentado por Chris, americano de incomprensible acento reubicado en Alemania.

Pero, ¿por qué amamos el Metronom? Porque amamos el jazz y porque allí hay gente que ama el jazz. Tres cosas hay que saber antes de entrar en el Metronom: que allí duerme una de las colecciones de vinilos de jazz públicamente accesibles más grandes que se conocen, con varios miles de LPs que cubren enciclopédicamente las tres décadas gloriosas del jazz, de Count Basie a los últimos estertores de Lester Young; segundo, que en el Metronom no ha sonado ni sonará jamás un disco compacto ni un tema más allá de la era del cool; tercero, que peticiones musicales heterodoxas pueden ser sancionadas con la expulsión del local o al menos con una buena retahíla de insultos. Aquí rige la Sagrada Inquisición. Al Metronom se viene noche tras noche a beber y a fumar con fruición, sin demasiados aspavientos, a conversar sobre esto y lo otro con la galería de perdedores que pueblan el local, a admirar las carátulas que Chris exhibe y escuchar el crepitar de vinilos que prácticamente doblan nuestra edad, entre vaharadas de humo tornasolado, whiskey barato y la hermosa melancolía de la “Blue note”. A pasarlo bien, en suma. De por qué Colonia es una ciudad coctelera de primer orden ya hablaremos otro día.

Metronom (Weyerstrasse 59, Colonia)
Manhattan €5

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