Una década de editoriales de moda

La profecía auto-realizadora, escrita por Robert Merton, define una cualidad exclusiva del ser humano (no busques en la naturaleza) perfectamente aplicable a la moda. Casi la retrata por completo, vaya: Es suficiente querer que suceda una cosa para que, finalmente, suceda. Pensar que hoy te gustaría que hubiera una lluvia de estrellas no cambiará el mecanismo de los astros; pero decir que en tu restaurante favorito ya no cocinan como antes podría traer consecuencias a corto plazo sobre ese negocio.

No hace falta abstraerse demasiado: La importante editora de una revista de moda combina para un editorial (que llamaremos, por ejemplo, Fiebre Animal) una decena de prendas aisladas con estampado de leopardo. Podría bastar para que pocas semanas después algunos diseñadores comenzaran a utilizar las manchas en sus trabajos. Se puede creer en un zeitgeist fashion que define las tendencias de la temporada; en un comité de expertos que se reúnen en el Lago Como a deliberar y ponerse de acuerdo; en prescriptores todopoderosos.

Se puede, con más lógica, pensar que el editorial de moda tiene un valor fundamental. Como catálogo y como proceso creativo, juego artístico que legitima la publicación y engrandece, por concepto, algo tan efímero como una colección. Fotógrafos maravillosos, localizaciones de escándalo. Ideas. Grace Coddington gastándose 50.000 euros en una sesión sobre Galliano inspirándose en Brassaï de la que finalmente sólo se publican tres páginas (vean The september issue).

Más allá de editoriales tipo Jungla de asfalto o Explosión Geométrica (esto es, obvios), hay algunos que marcan diferencias. Por controvertidos, bonitos, extraños o imposibles. Por repercusión, por caras, por nombres. No es una colección de favoritos (yo, sin duda, me quedaba con los primeros de Terry Richardson para la revistaPurple), no es un podio de los mejores; es, que no es poco, una lista de imprescindibles de la década:

A Sexual Revolution

Fotógrafo: Steven Meisel

W Magazine; Septiembre 2004

Modelos: Boyd Hollbrok, Elise Crombez, Hannelore Knuts, Harry Kinkead,

Jessica Stam, Karen Elson, Kiam Mitchum, Missy Rayder, Roland JRogenski

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Reality Show

Fotógrafo: Mario Testino

Vogue Paris; Agosto 2008

Estilismo: Carine Roitfeld

Modelos:Raquel Zimmermann

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Nun Head

POP; Otoño/ invierno 2008

Estilismo: Katie Grand

Modelos: Angela Lindvall, Missy Rayder, Maryna Linchuk, Magdalena F, Jourdan Dunn, Guinvere Van Seenus,Andres Segura

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Silent

Fotógrafo: Steven Meisel

Vogue Italia; Agosto 2008

Modelos: Linda, Karen, Iris Guinevere

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L’éternel Fantasme

Fotógrafo: Cédric Buchet

Vogue Paris; Noviembre 2009

Estilismo: Julia von Boehm

Modelo: Eniko Mihalik

editotres

Religión, un maniquí enamorado, sexo sin etiquetas, cementerios. Todo vale. Pero con ironía, por favor. “Las palabras moda e importante no deberían ir nunca unidas”, dice Marc Jacobs. Pensemos en un mundo de bellos imposibles, de excesos bien entendidos. La moda como tema de conversación. Como objeto de disfrute.

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