Fun Home, una familia tragicómica

El verdadero miedo yace en nosotros mismos.
Lo sabía Don Alfredo, y por eso escondió al miedo tras la tapa de nuestro cerebro y lo llamó esquizofrenia, allá lejos de los sustos infantiles y el asesino en serie. Zas. Lo sabía también Polansky, cuando robó al diablo de las sacristías y lo plantó en el útero de Blancanieves, que somos -claro- todos nosotros.
Sin embargo hoy el miedo es pocho y tontorrón, huele a farmacia y a palomitas saladas, a ese miedoteenager que llena las salas de tarugos y las gargantas de gritos fáciles, con la niña abrazadita al manso de turno. Sustos enlatados y listos para servir, tickets de trenes que llevan a habitaciones oscuras, lejos de aquí. Lejos de ti. Porque tu sigues aquí -segura y calentita- abrigada tras el calor de la manta de tu inocencia y el máster pagado a plazos. Gracias mamá.

“No utilizaba su ingenio para hacer cosas, sino para hacer que las cosas parecieran lo que no eran”

Alison Bechdel se enfrenta al peor de los miedos. El miedo a no saber quién eres. A recorrer el camino difícil, el que atraviesa tópicos, recuerdos edulcorados y haz-lo-que-debes-hacer, el camino que se encara ante el marco de la fotografía que pensaron para ti, que se enfrenta a todos los planes -domingos, biberones y cubiertos de La Cartuja– que intuyes no son para ti.
El miedo, aún peor, que palpita en cada familia, el temor de no re-conocer a quien se sienta a tu lado, a ver con desasosiego al extraño que posa junta a ti en la foto enmarcada.

“Empezamos a encarnar una historia… pero no supimos sostenerla”

Alison Bechdel escribió Fun Home con 48 años para saldar una deuda, una autobiografía donde afronta su homosexualidad y el secreto que habita en su familia. Pero Fun Home -como las grandes obras- es mucho más. Y -como las grandes obras- esconde, tras la crudeza y el desamparo, una carta de amor a todo aquello por lo que merece la pena vivir -¿o no es El Padrino una carta de amor a la familia como lo esGrupo Salvaje a la amistad?-.
Fun Home respira en cada línea amor la literatura “Desde que abrimos el libro, desde la primera viñeta, hay un personaje con un libro abierto. Prácticamente en cada página encontraremos a alguien leyendo. En primer plano, en segundo plano; participando de la acción o no, pero siempre con un libro en las manos. Y, a medida que vamos leyendo, vamos comprendiendo que es algo más que una pose o la reivindicación de la lectura. El propio espíritu de lo que vamos leyendo es la literatura.

Me preguntan a menudo por un cómic que merezca la pena, de esos que crujen y pellizcan el alma. Aquí lo tienen. Se llama Fun Home. Leánlo.
Sin miedo.

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