Lo he vuelto a hacer.
Y sin embargo pensaba que no, que había aprendido la lección. Que, como tras -tantas- otras resacas había llegado a cierta nosé iluminación, imagínate: domingo, once de la mañana, el sol ruge como una feminista en Buenos Aires, no quedan botellas de pie ni cenicero sin mácula, no quedan razones ni lugares comunes ni susurros en su oreja -esos que perforan el humo y las buenas intenciones- Ni quedan ganas ni sumas sin restas y sí un pequeño hideputa que asoma entre bambalinas: arrepentimiento. El fokin arrepentimiento.
Pensaba que, en pocas palabras, no volvería a pisar una exposición de arte moderno en mi puta vida. Que no asomaría el gaznate en ningún antro en el que insultaran tan explícitamente mi inteligencia. Sin follar, quiero decir.
Oops!… I did it again
Fue en el MACBA de Barcelona, pero vaya, como podría haber sido en Cuenca, en Santa Isabel o en el IVAM.
Fue en Barcelona y era un día bonito, había desayunado croissants leyendo Babelia, había comido en Kaiku e inflado el alma con un soberbio Clos Mogador. Yupi kai yi y todo ese rollo que llaman felicidad, ese estado en el que miras la ciudad con colores saturados y ves a las feas guapas y los semáforos son una sinfonía, un coro de trompetas y timbales de caramelos de algodón que se abren paso ante tu reluciente corcel hinchado de auto engaño, pero ey!, hinchado, al fin y al cabo.
Fue en el puto MACBA, en la plaza donde los Ángeles y los EMOs patinan felices ajenos a las cuentas corrientes y el yogur desnatado. Fue en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona y el atraco la exposición se llamaba “Tiempo como materia. Nuevas incorporaciones (XXII)“. Supongo que pensé que esta vez sí, y también supongo que algún soplapollas con columna de opinión en El Cultural o Descubre el Arte me infló las gafas de pasta con alguna reflexión del palo “La Ricarda representa una pieza clave dentro de la renovación del lenguaje artístico en nuestro país: una nueva fidelidad a los principios de la arquitectura racionalista condicionada, no obstante, por un inicial realismo estructural y estético.” Uauuhhh, vamos ¿no?

Yeah yeah yeah yeah yeah yeah
¿Y dentro?
Basura, joder. Basura.
Kapitalistischer Realismus, experiencias visuales, instalaciones (sí, se pueden reír), performances (dos tazas, sí), videoarte, microutopías y decenas de “Sin título” (porque no me jodan, hay que ser muy facha y muy retrógado para ponerle título a un cuadro). Y tú andando por los pasillos con el folleto empachado en Helvética, con esa cara de gilipollas que se te pone cuando no pillas el chiste. Y cuando al fin te partes el culo resulta que no era un chiste, es más, resulta que el asunto es serio de cojones, o al menos eso parecen querer decirte los modernos que vagan por las salas en silencio, espectros entregados a la biblia del Moleskine y el palo en el culo. Entregados a la estúpida religión de usar la teoría del arte más complicada para decir las cosas más sencillas.
“Los trabajos han generado lecturas que, incluso yo, había pasado por alto” dice Asier Mendizábal, uno de los genios que expone su “obra” (el entrecomillado es mío). Y no sabes cómo te creemos, colega.
¿Y dentro, otra vez? Porque supongo que algún infleliz, a estas alturas, aún se pregunta qué colgaba de las paredes.
Basura, queridos lectores.
Basura.
El noventa por ciento del arte moderno es una auténtica estafa”.
Generoso, el amigo Albert Boadella
Fdo. Jesús Terrés
Carta de amor #1
Yo compartía con una mujer de lunar junto a la boca. Se tapaba, justo después, con media sábana hasta el pecho y las rodillas sobre el colchón mientras se fumaba un cigarro. Sólo silueta frente a una ventana casi cerrada, de cuadraditos de luz creando fondo neutro. Imagen perfecta de Irving Penn que no retrató; un mechón de pelo recogido tapando el punto en el que se unen su cuello y su clavícula.
Carta de amor #2
El blanco y negro asesino que nos dejó de recuerdo y legado Penn (1917-2009). El hombre que enseñó a la moda a ser otra cosa y que aprendió de ella que la creación es (a veces) consumo. “Fotografiar un pastel también puede ser arte”, dijo. Arte primigenio: En octubre de 1943 Alexander Liberman, director creativo de Vogue, le pidió una portada. Él arregló un bodegón con un bolso de piel y tela marrón, un pañuelo gris, una lámina con cítricos y una nota colgada en una pared en que se anunciaban los contenidos del mes: zapatos y accesorios. Pidió la cámara prestada.
En la otra punta de la espiral, las fotografías que realizó para el Lacroix pre-crisis en abril de 2008. 65 años de diferencia para el mismo resultado. El que copió Avedon, en el que se inspiró Leibovitz. Si más es más y menos es mucho menos, el maestro marcó una línea que se encuentra incluso por debajo. La realidad siempre es mínima.

“Querer lo que los demás no quieren”
Y eso hizo. Capaz de pasar del culo de Kate Moss al retrato de Picasso y Colette siguiendo idéntico ritual, el niño era para él igual que la mujer perfecta; el indígena similar al ciudadano de Nueva York. Capaz, también, de intercambiar sudores y fotos con Lisa Fonssagrives, bella modelo y artista. Respeto.
Conclusión compartida
Caló hondo en el mundo de la moda (”probablemente fue más famoso por fotografiar las modelos del ambiente parisino”, dice el obituario del New York Times). Como calan algunas mujeres. El amor (que crees) real no tiene que ser largo ni perfecto. Siempre será el que no te hubiera importado que nunca acabara. Del que te sientes orgulloso, como colocar una sóla fotografía sobre el lecho.
92 años en tu caso, maestro; ya no recuerdo ni cuántos meses, querida. Sólo que olías a Shiseido.

Irving Penn falleció el pasado día 8 de octubre en su casa de Manhattan. Hay multitud de libros que resumen su extensa carrera.
Fdo. Daniel Borrás
El expediente Aguilé
Muere Stephen Gately, líder de los Boyzone, y se monta la parrala aunque aquí no lo conocía ni el Tato. Muere Luis Aguilé, el Sinatra del franquismo, y apenas merece unas líneas en las secciones de necrológicas. ¿Por qué?
Gately era gay y murió en Ibiza. Eso, y que era inglés, hacía presagiar que sus últimos estertores los dio macerados en éxtasis y pope. Mala suerte. Fue un edema pulmonar. Pero el morbo sirvió para que la prensa se fijara en él a la espera del gran titular. Era cuestión de tiempo que se pudiera hablar de orgías o cosas peores. Pero el titular nunca llegó.
Aguilé, en cambio, murió de cáncer en un hospital de Madrid rodeado de los suyos. Ahí estaba su mujer Ana, a la que conoció siendo él ya toda una estrella y ella una simple modista de las que se ganaban la vida cosiendo a domicilio. Cuando los conocí, hace ahora tres o cuatro años, se miraban (y parecían quererse) como si aún tuvieran 16 años pese a llevar más de 30 casados . Eso no vende una escoba.
Y sin embargo, Aguilé merecía mucho más. Llegó a España en 1963 con 27 años, cuando ya había tenido tiempo de triunfar en Argentina, y con sus rostro aniñado pronto se convirtió en el yerno que toda madre quería tener (una especie de Cantizano avant la lettre). Apenas puso un pie en nuestro país y ya se había convertido en el crooner por excelencia que se rifaban las mejores salas de fiesta.
Sus letras, alegres y vivarachas, parecen hoy a la inteligentzia local pura caspa, lo cual es de comprender cuando sobran grupos en este país (esos Orejas de Van Gogh, Sueños de Morfeo, Bisbales y Cantos del Loco) que haría palidecer de envidia al mismísimo Sófocles. Tell Him, de Vonda Shepard, será un temazo, pero pocos recuerdan que Aguilé nos hizo vibrar con Dile unos 40 años antes. En inglés todo suena mejor.
A lo largo de su vida llegó a manejar un repertorio de cerca de 400 títulos (800, según otras fuentes), en los que se incluyen temas míticos como Cuando salí de Cuba . La canción pronto se convirtió en un hit entre los gusaneros de la Pequeña Habana de Miami. Según él, vivía en la isla cuando la Revolución y tuvo que entrevistarse con el Ché para poder irse llevándose algunas de sus pertenencias. Una historia de la que contó tantas versiones que, en realidad, él no compuso la canción y que -aunque si vivió en el país- sus vivencias eran, más que otra cosa, fruto de su imaginación.

Azote de censores
Curiosamente, no fue su único encontronazo con la Canción Protesta. Señor Presidente, se ha convertido en un hinmo contra contra Chávez , De hombre a hombre, en cambio, le valió la censura en el Chile de Pinochet. De milgaro Soy currante no se convirtió en el himno del sindicato polaco Solidaridad . Probablemente en este epígrafe haya que incluir su homenaje a Carlos Fabra, el padrino de Castellón, a quien cantó -previo pago- la inmortal Nadie me quita mis vacaciones en Castellón, el himno de Marina D’Or (ciudad de vacaciones). Y es que un cantante sin una leyenda –verdadera o falsa- no es nadie.
En una vida tan dilata (73 años) tuvo tiempo de recopilar tantas anécdotas como corbatas (algo por lo que se hizo famoso). A finales de los 70 su programa El Hotel de las 1.000 y una Estrellas (lo más picante que emitía la televisión de la época) fue suspendido de la noche a la mañana por un streap tease en el que a una actriz, disfrazada de monja, se le llegaba a ver dos centímetros de pantorilla. Más de un franquista murió empalmado y se cortó por lo sano.
En las distancias cortas, Aguilé era un tipo curioso. Con casi dos metros de alto y aspecto, no ya de dandi sino de galán, demostraba un excelente sentido del humor y una sorprendente cultura (aunque sea difícil creer, como decía, que llegó a ser finalista del premio Planeta). Pero sobre todo, tenía actitud. Hablaba con el aplomo del que se siente capaz de llenar el Maracaná para una gala, totalmente ajeno al hecho de que ya sólo lo querían de relleno en programas de televisiones autonómicas.
A reivindicar
Sus coqueteos con la zarzuela, el cine o la literatura (escribió, entre otros, la infumable La nieve de las cuatro estaciones, un delicado eufemismo para referirse a los peligros de la drogaina) tuvieron más de fracaso que de éxito. Sin embargo, nadie podrá negar que tenía lo que –según Loquillo- tiene que tener todo crooner que se precie : actitud. A él, le sobraba.
Quizás las leyes de la biología se llevaron hace tiempo a la mayor parte de los que fueron su publico natural, pero en los últimos años se ganó con creces una peana en el panteón de lo friki. Por eso hay por ahí un cansautor que se hace llamar El Tio Calambres y por eso Los Petersellers grabaron una versión de esa canción. Como hicieron Dr. Explosión con La Chatunga o Los Soberanos con Ven a mi casa esta navidad. Y la lista no es completa y no incluye, por malograda, su colaboración con Def con Dos.
¿Por qué Aguilé, que un día la juventud lo recuperará y respetará como hizo con Raphael, mereció menos papel que Gately? Un enigma.

Javier Ruiz Cavanilles es periodista y responsable del blog Conspiranoia Times.
Fdo. Javier Cavanilles