El dandi y los vinos de Borgoña

Elegancia y palabras gastadas

Elegancia. La palabra tintinea en el teclado como las uñas en la madera.
Elegancia. Eso que no se compra pero sí se vende. Eso que publican encartado junto a la prensa deportiva y las páginas salmón. Que es firma, logotipo, portada y excusa.
Tantas voces nos hablan de elegancia:
La elegancia es distancia. Frío y esqueleto. Como aquellas rubias gélidas de Alfred Hitchcock, esa “chica inglesa con aspecto de institutriz puede montar en tu taxi y, sin inmutarse, desabrocharte la bragueta“. Elegancia, sentenciaba Balzac, es la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos.
La elegancia, dicen, es actitud.

La elegancia del dandi

Si el dandi del diecinueve pudiera bordarse un lema en su impoluta camisa, éste sería sin duda “Demasiado tarde“. Porque este excéntrico héroe, que consideraba el reloj sólo como un adorno, nace precisamente de un retraso; mejor dicho: el dandi es la expresión más completa de un retraso.
Y es que, de hecho, nace junto a su invencible adversaria, la sociedad de masas, que inaugura su hegemonía sobre la modernidad con la Revolución Francesa y la muchedumbre expectante frente a la guillotina. Mientras los cínicos intentaban dominar los humores sordos del vulgo, destinados a desembocar un siglo después en sanguinarias dictaduras, los dandis escogían la heroicidad, la de resistirse a esa nueva tiranía sin rostro, sabiendo de antemano que serían vencidos en el duelo. Como indemnización bastaba corroborar la banalidad de su vencedora. No hay drama alguno, escribe Malraux: lo que verdaderamente cuenta para un dandi es haber recitado bien su papel.

Es difícil definirlo. Para Maud Sacard de Belleroche, el dandi, sobre todo, se opone. Para Michel Onfray, la esencia del dandismo es la rebelión permanente, el rechazo al gregarismo, el elogio de la individualidad, la insubordinación permanente. “Cuando la gente piensa como yo -sentenciaba Wilde- siempre siento que debo de estar equivocado“. Es el gentil fantasma embebido de pasado que recuerda a sus contemporáneos hipnotizados por el progreso la posibilidad de vivir en un mundo antiguo y elegante.*

¿Y qué es, si no, Borgoña?

Borgoña es el pasado. La esquina doblada, la última línea de defensa de una batalla ya perdida. Y sin embargo allí, en la estrecha franja que recorre el sur desde Chablis hasta los suburbios de Lyon, los viticultores resisten mirando hacia su único refugio: la tierra.
En Borgoña no importan las marcas ni los nombres, sólo la tierra. Por eso conocer sus vinos es la cima más alta del amante del líquido rojo, porque adentrarse en Borgoña es hacerlo en un laberíntico puzzle de parcelas, viñas y pueblos: Meusault, Vosné Romanée, Chassagne-Montrachet, Puligny-Montrachet, Nuits-Saint-Georges, Vougeot… cada etiqueta de cada vino borgoñés es un insulto al marketing y a los tipos de la corbata. Cada etiqueta es una muesca de un revólver que ya no volverá a casa.

Y mientras tanto, el resto del mundo vinícola ha mordido el suelo ante el rodillo implacable del futuro, como esa nada que engullía sin tregua la historia interminable de Bastian y Atreyu. La nada que es el presente que araña nuestra nuca con cada latigazo del despertador. La nada vestida de grandes almacenes, de prêt-à-porter, de sabores y olores estandarizados, envasados al vacío y pagados a plazos.
La nada, en el viñedo, pasa por el trazo que dibujan Robert Parker y Michel Rollan: vinos con fruta hipermadura, más concentrados y microoxigenados. Perfectas fotocopias sin alma ni raíces. Resultado: Un Château Angelus de Saint Emilion es similar a un Mondavi californiano o a un bodegas Palacio. La tiranía del código de barras.

Pero nos queda Borgoña.
Nos quedan esos locos gabachos que miran pasar los coches a lo lejos. Que escuchan el terruño y el corazón más que a la cuenta corriente.
Supongo que gruñirían si leyeran esto. “¿Elegancia, aquí?
Supongo que volverían a lo suyo, al viñedo y la tierra.

Sí, elegancia.

· En Borgoña se cultivan sólo tres variedades: Pinot Noir, Chardonnay y Gamay (en la zona de Beaujolais).
· Una excelente selección de Pinot Noir de Borgoña.
· Los 200 mejores Pinot Noir de Borgoña según Wine Advocate.
· La bonita carta de amor de Juan Ferrer-Enópata a la “Condesa descalza” (Chardonnay).

6 Comentarios to “El dandi y los vinos de Borgoña”

  1. Jesús Terrés Ruiz dice:

    * Extracto del libro “Diccionario del dandi” de Giuseppe Scaraffia.

  2. Jesús Terrés Ruiz dice:

    ** En el cuadro, Zeus a punto de cepillarse a la mortal Sémele y engendrar a nuestro amigo Baco. Después Hera, la esposa oficial de Zeus, pilló un cabreo de tres pares de cojones y se pasó la vida intentando mandarlo al otro barrio, pero no fue así gracias a la ayuda de Sileno (otro borrachuzo de cuidado), las ninfas y los sátiros.

    Así, hasta hoy.

  3. moi dice:

    con tanta etiqueta francesa, se me ha venido una pregunta a la cabeza: sabes francés? Sea cual sea la respuesta, pedir un vino mal pronunciado es vulgar?

  4. Jesús Terrés Ruiz dice:

    No, no sé francés.

    Lo vulgar es pedir un mal vino. Pedir un borgoña como los de arriba jamás es vulgar, aunque lo pidas en mandarín.

  5. moi dice:

    jajaja. te digo que a mí los franceses cuando ponen esa boquita para pronunciar sus cienmil vocales me ponen a mil – en el mal sentido. una cosa es una tía poniendo boquitas y otra muy diferente que lo haga un hombre hecho y derecho.

  6. Jesús Terrés Ruiz dice:

    Un hombre hecho y derecho.
    Esa es buena.

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