YSL, fabricante de fuego

Habló en su despedida de los fabricantes de fuego sobre los que escribió Rimbaud en sus Cartas del vidente, de la gente que tiene el don y, por tanto, la obligación de dar forma a lo que no tiene forma. De conseguir que sus invenciones se sientan. Conocía perfectamente esa sensación: sin modestia estúpida que le estorbase, reconoció la cicatriz que sus diseños dejaron en la sociedad. Porque podía y porque sí. Porque Yves no sabía vivir de otra forma.

Montaigne tenía razón. Fue tu obra lo que te permitió vivir, soportar aquella angustia que te atormentó desde tu más tierna infancia. El artista está hecho de tal manera que sólo encuentra la salvación y la esperanza a través de la creación. (Pierre Bergé)

El modisto (así aparece reflejado en su lápida de mármol) no entendía su vida sin el Brancusi en el salón, sin sus habitaciones con nombres de personajes de Proust, sin el maravilloso cuadro de Goya sobre terciopelo morado. No es frivolidad, por supuesto que pasa: todavía queda gente que cree que el arte muestra la vida tal y como realmente debería ser. Todavía hay soñadores que disfrutan del objeto, que se emocionan ante el lienzo, que necesita que una escultura o una canción plantee preguntas. YSL vivió un particular idilio con el mundo del arte que fue mucho más allá de la extraordinaria colección que consiguió levantar junto a Bergé. Yves hizo de su vida una obra de arte rodeada de otras muchas más. Y puestos a hacer preguntas, las juntó todas en una.

MONDRIAN, colección de 1965

-Prada no ha inventado nada. Saint Laurent abrazó la abstracción geométrica de Mondrian haciendo justo lo contrario: si el pintor ignoraba la curva, el modisto decidió que precisamente las líneas primarias se adaptaban a la perfección al cuerpo femenino. Así, creó vestidos sin mangas y largo a la rodilla recreando el espectro cromático del universo, el amarillo, rojo y azul que Mondrian recreó. Sigue siendo lo más imitado: la temporada pasada las cadenas de prontomoda todavía copiaban las piezas. La cantante Robyn teloneó a Madonna vestida así. Aunque no por YSL, claro.

WESSELMANN, colección de 1966

-Fue Andy Warhol el que ilustró mejor al maestro: cuatro caras en cuatro colores que reflejaban la infinita timidez de un Saint Laurent sin gafas (“sin gafas mejor, tenías razón, Andy”, dijo el modisto). Recurrió al pop-artporque lo conocía bien. A Warhol, a Lichtenstein, a Wesselmann. Justo de este último extrajo un desnudo sin cabeza que estampó en un vestido larguísimo, casi una túnica con la imagen silueteada en rosa. Años más tarde, Catherine Deneuve (que cantó por Barbara en su último desfile, que le dio la mano mientras este yacía muerto en su cama) lo vistió en una icónica imagen de Helmut Newton. Su belleza fría fue el lienzo perfecto.

VELÁZQUEZ, colección de 1977

-Decía Dalí que el sitio perfecto era el espacio que compartía oxígeno con las Meninas de Velázquez. Porque el cuadro, vaya, impresiona hasta al neófito. El propio Yves, también fascinado, probó suerte con un vestido infanta en moaré rosa, con bordados en oro. Parecía sacado directamente de un Velázquez, sí. Años antes, todavía como diseñador de la maison Dior, se inspiró en las pinturas de Goya para varios vestidos de noche. Oscuros, de talle alto, bordados y con terciopelo que brillaba a la luz de la luna.

PICASSO, colección de 1979

-Picasso se unió a Serge Diaghilev para crear algunos de los escenarios de sus ballets más conocidos. Ese tándem inspiró a Yves, que jugó con los elementos más característicos de su obra pictórica de entonces, ese juego de elementos aparentemente infantiles (la guitarra, el arlequín), absolutamente descompuestos. De forma posterior, el diseñador jugó de nuevo con las referencias de color y el cubismo de Picasso, utilizando sus formas en diversos estampados a finales de los años 80.

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MATISSE, impresionismo

-Tal y como hizo con Mondrian, recreó algunos estampados clásicos de Matisse en sus vestidos de noche. Sus cuadros La gerbe y L’escargot sirvieron para colorear algunas de sus faldas. Este empleo directo de la obra pictórica, utilizada casi a modo de sprint, no se limitó a Matisse: los lirios de Van Gogh sirvieron para bordar una chaqueta; el lago de las ninfas de Monet tuvo similar destino en una pieza abotonada; los pájaros de Braque decoraron una suerte de capa de noche.

ESCRITORES, colección de 1980

-Uno de sus acercamientos más interesantes al mundo de la cultura fue, sin duda, la llamada Colección Shakespeare, donde ilustró sus prendas con algunos versos y pasajes de escritores de referencia. Como ese gabán rosa de inspiración Cocteau: Moi je suis noir dedans et rose dehors, fais la métamorphose. La colección incluía también referencias a Louis Aragon o Guillaume Apollinaire.

MAN RAY, la espalda infinita

Días tan largos como tu espalda, que dice la canción. Inspirado por la imagen de la mujer violín, Saint Laurent creó su propia versión de espalda como belleza perfecta para la colección de 1970. Un vestido de crépe de seda dejaba una abertura en exquisito encaje negro, una ventana a la fantasía lucida de nuevo por la Deneuve y recreada en blanco y negro perfecto por Jeanloup Sieff.

De todos los modistos, tú fuiste el único que abrió el libro de su vida, lo empezó en el capítulo uno, lo escribió, y le puso la palabra ‘fin’ (Pierre Bergé)

Un final, quizás, firmado en margen inferior derecho de algún cuadro maravilloso.

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