Ars Bibendi · Sazeracs en el Trois Rois de Basilea

De conservar lo que merece ser conservado

Cualquier opinión sobre Suiza escrita por un periodista o un imbécil – generalmente suelen coincidir en la misma persona – habrá de contener forzosamente dos estomagantes apostillas: una, que nadie sabe quien es el presidente helvético; otra, que en Suiza nunca pasa nada. De eso precisamente, de que en Suiza nunca pase nada, me congratulo cada vez que me encuentro bebiendo en el lobby bar del hotel Les Trois Rois de Basilea. Fundado en el siglo XVII como hospedaje nobiliario, y como tal la fonda más antigua de Europa, el Trois Rois, su bar y la coctelera manejada por el premiado Thomas Huhn es un amarre moral. Acodado en la barra del Trois Rois mientras el Rin fluye ante los ventanales, tengo la reconfortante certeza de saber que aquí no hay cambios ni sorpresas, ni agitación que no sea la de la coctelera. Al le Trois Rousaño tras año, y todo sigue igual: las mismas caras, los mismos chistes, los mismos sazeracs servidos en un pequeño tumbler de cristal de roca tallado. Jazz discreto, madera, cuero, chimenea, centros de flores frescas, uniformes impolutos y una apabullante selección de habanos y espirituosos en uno de los dos o tres mejores bares de Suiza. Aquí se habla bajo y los camareros son trinlingües. Afuera, el Rin lame los pilares del viejo puente medieval. En verano, salimos a la terraza, donde en alguna de las indigestas novelas de John Le Carré, turbios hombres de negocios se reunían a cambiar las cosas para que nada cambie. Beber en el lobby bar del Trois Rois es, a la manera de Burke, un pacto entre el pasado, el presente y el futuro.

Lobby Bar, Grand Hotel Les Trois Rois (Am Blumenrain 8, Basilea, Suiza)
Cóctel Sazerac, 18 €.

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