Marguerite Duras, desear es destruir

Tiempos extraños

Éstos que nos ha tocado vivir.
Éstos donde se trata de sumar, no de restar, donde cada paso es un esfuerzo y cada llamada una deuda. Donde escalamos muros porque hay que escalarlos, porque hay que ganar, ser más que el otro.
¿No se suponía que los escalábamos por algo?  ¿No rescatábamos princesas? ¿No saldábamos cuentas pendientes?
Tiempo extraños, donde vemos el marco y no el recuerdo; aquí, donde las teclas crujen en cada párrafo y cada párrafo de cada blog es una llamada, una necesidad de aquí y ahora. Del yo soy más.

“No quiero ser”

Marguerite Duras fue novelista, guionista y directora de cine. Nació en Saigon, tras unos ojos rasgados y un hambre voraz de no ser. Fue, desde el principio, una mujer excesiva, contradictoria, atormentada, difícil y marcada por la ira y los desengaños, el alcohol y las depresiones, inundada, en fin, de sueños trágicos, amor y odio.
Deja Indochina con 18 primaveras y es expatriada al París de los adoquines y los sueños imposibles -los únicos que merecen la pena-, el París de la ocupación Nazi, donde comparte mesa con Sartre, Simone de Beauvoir, Camus y Mitterrand.
Elige el compromiso, es parte activa de la Resistencia y milita en el Partido Comunista, del que fue expulsada por disidente en 1950 y también condenó, sin fisuras, el golpe de estado del 23-F acusando a la corona española de complicidad en el mismo.

Escribe. Sin cesar. Sin más objeto que escribir, que es buscar fuera de uno mismo lo que está ya dentro de uno mismo.

“Escribir es no ser nadie. ‘Muerto’ decía Thomas Mann”.

Escribe el guión de la película Hiroshima mon amour y, con El Amante, Duras gana los premios Goncourt y Hemingway y su nombre en los libros de texto. Su nombre, ese que trataba de escaparse -huir- entre la tinta y el papel, acariciando cada palabra. Marguerite Duras muere sola un día de marzo del 96 y es enterrada en el Cementerio de Montparnasse donde, al fin, se entrega al silencio.

Desear es destuir

Duele y estremece leer a Duras.
Duele observar su entrega sin medida. Sin causa ni recompensa, sólo desaparecer:
El sujeto desea el objeto y se satisface en la negación de la identidad y subsistencia de éste. Esa negación es, pues, satisfacción, consumo, destrucción” (Eugenio Trias, Tratado de la pasión).

En su obra tintinean los pasos de la destrucción ligada, claro, al deseo. La destrucción es obra del deseo y en sus páginas los amantes se estremecen de una manera diferente, visceral, ausente y trágica. La amante no puede sino quebrarse, entregarse por última vez buscando la única salida: el encuentro, la posibilidad, el otro.

“Vendrá un tiempo en que no sabremos que nombre dar a lo que nos una. Su nombre se irá borrando poco a poco de nuestra memoria y luego desaparecerá por completo”.
(Hiroshima mom amour)

Apuntes y recomendaciones

· El 14 de septiembre se ha puesto a la venta el “Cofre Marguerite Duras“, dos películas y un libro en una edición limitada (1000 ejemplares) que reúne, además, el texto dramático “India Song” y su posterior puesta en escena cinematográfica.

· El excelente ensayo de Amelia Gamoneda “Marguerite Duras, la textura del deseo” está disponible en Google Books.

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