
El beber como acto civilizatorio y cultural está casi perdido. Durante muchos siglos, el beber fue acto cotidiano, prosaico: hasta el siglo XX, la humanidad bebía como medio de salud pública. Desde el Fausto de Goethe hasta las cantatas de Bach, pasando por la poesía de Schiller, cualquier contribución a la cultura occidental se hizo bajo el confuso diario y regular de alcohol. El alcohol como bactericida y desinfectante, como elemento cotidiano. Por el contrario, el siglo XXI es del alcohol bien como lujo, bien como droga escapista: desde la simbología del éxito al binge drinking botellonero de la juventud sin futuro. Entre medias, el alcohol como civilización: como ocio, como cultura, como filosofía de vida. Lo que nosotros reivindicamos. Formulemos diez normas, adelantemos diez principios:
El bebedor bebe solo. No siempre, pero siempre que es necesario. Beber es un acto individual: beber como afirmación de una historia, de una tradición, de una cultura. No necesita de tontos útiles para legitimar el acto: bebe solo, bebe a cualquier hora, bebe porque le otorga placer. El bebedor no es misántropo, es simple y llanamente heredero de herencia milenaria, que se manifiesta individualmente.
No un enfermo, no un caso clínico: simple y llanamente un amante del alcohol. ¿Qué hay sin él? La desolación, el páramo, la tiranía. El bebedor lo sabe: sin alcohol, no hay libertad. Es un alcohólico: dependiente del alcohol para hacer realidad una porción leonina de su felicidad. So what?
Olvidad las historias sobre el beber calidad, no cantidad. El bebedor bebe mucho y bueno. Calidad, en cantidad. Si algo te gusta, lo quieres en abundancia. Olvidad leyendas de Hollywood: el bebedor acaba borracho. Simple y directo: borracho. No se excusa, no miente. “Perdóneme, he bebido demasiado”. Punto. El bebedor asume las consecuencias.
No bebe delante de la tele, no bebe en un parque, no bebe en la calle: bebe en el bar. Con la chaqueta limpia, los puños crujientes y bien planchados, accede a la barra para beber. Es el bar: la relación mágica de tú a tú, barman y cliente, la madera, la copa, el cuero.
Un bebedor genuino no te toca los cojones. La vida es compleja, pero las copas no. Un bebedor no necesita carta. La comanda la dispara a bocajarro. “Un manhattan, rye, bitter de naranja, twist“. Si otro pide, se une a la comanda: “Lo mismo“. ¿Tan difícil?
El bebedor disfruta, se recrea, comenta; el bebedor vibra con excitación adolescente ante el milagro del vino o su Scotch favorito. No se bebe cualquier cosa: bebe con premeditación y alevosía.
Puede ganar diez veces más que él, pero es su igual. O más aún: su inferior. El bar no es tu bufete, el bar no es tu banco: el bar es el bar. El bebedor calla y aprende del que manda.
A veces, un gin-tonic de Larios es suficiente. A las putas no les interesa tu sofisticación.
El bebedor es egoísta: amigos son los que dan placer. Nunca confíes en un abstemio: busca algo de ti más allá del momento.
Y seria. Barmen y taxistas son sus amigos. Si no tienes dinero para propinas, no salgas de casa.
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Escrito por Lord Finesse, colaborador de ArterEgo.
Los diez mandamientos del buen catador, por Juan Ferrer -Enópata-.
Descrito me he visto.
Por favor, describir a un bebedor con tanto glamour, no es del todo muy lícito, ya que existe una delgada línea, a veces casi invisible, con el alcoholico. El alcoholismo, es algo muy serio y doloroso para aquellas personas que lo han sufrido de un modo directo o indirecto.
Hay que joderse con los discursitos morales. Pues no bebas y punto.
Srta Irene,
Disuélvase en agua mineral…
Nosotros no somos de aquellos imbéciles que piensan que el beber es glamouroso [sic].
Beber es beber. Y punto.
Ya bastante jodida puede ser la vida sin un vaso de Marker´s Mark a la vuelta del curro…
Como dice el Sr. Lord Finesse.. Beber es beber.
Moralina aparte: Bordado.
Ni glamour, ni moralinas, ni pollas. Una copa es una copa, beber es beber y follar es… no hace falta verdad? Ponedme otra que me canso de estar sentado en esta puta silla…
[...] majestad el que puso el Dry Martini en la boca de todo el fokin mundo. Pero James, como buen bebedor, bebía más cosas, así que allá va un resumen de algunas bebidas nombradas en las páginas del [...]
[...] el bar se bebe, pero hubo un tiempo en el que también se construían castillos de arena sin plazos ni hipotecas. [...]
Lagrimones como puños… Morder la lona es parte del juego, supongo.
[...] Miren por donde, ahora mola esto de la coctelería. Ahora todos los bares -perdón, clubs- visten Gin Tonics y un vinilo de Coltrane tras la barra, a la vera del G´Vine y el vodka de Roberto Cavalli. Ahora, cuando las tascas son grastobares y los camatas se ofenden por hacer su trabajo: Rye Wisky, dos golpes -no más- de angostura, seco como un lija, sin consejitos de suplemento dominical, gracias. Ahora, ya ven, que Sabina fuma cigarros con boquilla y tres niñatos con tirantes de Hackett empujan a Don Enrique en la cola Del Diego. Pero hasta no hace tanto, beber, beber en serio y frente al barman; beber despacio y disfrutar del sonido del hielo arañando la copa no era ni cool ni molón ni ninguna otra maldita cosa. Sólo era beber. [...]
[...] cuyo único fin es cepillarse a la hijita (mal)criada en aquel internado suizo. Un vicioso. Un bebedor. Huye del canallismo; al fin y al cabo a la hija ya te la cepillas, o sea. Cuelga el disfraz de [...]
Amen.
No podría estar más de acuerdo. Sobretodo en lo de no fiarse nunca de abstemio.
[...] Manual del bebedor – 10 principios arterego.es/manual-del-bebedor/ por dareste hace 3 segundos [...]
Qué flipado el decálogo para memos. Habéis visto demasiadas películas
http://www.youtube.com/watch?v=WEMVMxrAYMI
[...] Un hombre de bien bebe. Porque le gusta beber. Porque cree que en el alcohol como civilización: como ocio, como cultura, como filosofía de vida. Porque las mujeres son más guapas, los chistes [...]