John Waters, el hombre más sucio del mundo
Las películas prometen más de lo que cumplen. Por eso, acercarse por primera vez a Pink Flamingos, entendiéndola como ejercicio de mal gusto, es decepcionante: comer mierda de perro es, hablando de inmundicia, el recurso más obvio posible. Y el filme, realmente, parece una broma privada grabada con un móvil circa 1972. Nada es lo que parece, pues,…









