Friedrich en la Fundación March. Ímpetu y tempestad

Es penoso vivir con miedo, ¿verdad?”, Brion James

Se supone que estamos perdidos. Se supone que ya no sabemos quienes son nuestros hijos, que olvidamos por qué peleamos, que somos juguetes rotos, perdidos entre los wish list de todas las cosas que seguramente nunca tendremos.
Y sin embargo coleccionamos razones, listas de cosas por hacer, catecismos, chinchetas en el mapa del ego y eso-que-se-debe-hacer, las medallas, los conciertos, la mesa en Can Roca y el colegio inglés.
Tú, que arañabas mañanas con tus llaves en la puerta ajada del baño de aquel bar mugriento, donde cada paso era una vida. Tu vida.

If he sees nothing within, then he should stop painting what is in front of him“, Caspar David Friedrich

Se supone que no hay mañana, y sin embargo planificamos cada paso que damos al ritmo de las buenas intenciones y los pagos a plazos. No hay mañana, pero tú envuelves regalos de una navidad en la que no crees. Es “lo” que hay que hacer.

Hace 250 años un movimiento abrasó las entrañas de la Europa ilustrada y clavó en ella un estoque que sangra hasta hoy. Se llamaban románticos. El romanticismo germinó en el lodo del clasicismo, el racionalismo y el pensamiento de escuadra y cartabón. Basta de reglas, era su credo. Su único credo.

Hoy no queda nada de aquello, sólo postales y frases huecas en puertas de lavabos. Y qué pena, el romanticismo prostituído en baladas de medio tiempo y fulanas enamoradas. En casas pintadas de azul y amor de postal. Qué pena.

Friedrich representaba la quintaesencia del romántico: individualismo, desgarro y muerte. Enfermedad, sepulturas, fosas y lechuzas. Soledad y niebla, “el papel del pintor es extraer y representar lo que ve en sí mismo“.

Caspar David murió solo un día gris de mayo, y fue enterrado en el cementerio de Dresde, a la vera de su luna, su mármol y sus lechuzas.

Apuntes y recomendaciones

· Caspar David Friedrich: el arte de dibujar, hasta el 10 de enero de 2010 en la Fundación Juan March

Centrada en el proceso creador del pintor más célebre del romanticismo alemán, la exposición incluye 70 obras sobre papel en diversas técnicas y con motivos y temáticas diversas: árboles, paisajes, ruinas y edificaciones y arquitecturas.

La exposición nos acerca a la sustantiva belleza de sus obras al tiempo que ofrece, por vez primera, una perspectiva privilegiada acerca de la función de sus dibujos en su proceso creador. Se trata de dibujos ejecutados en plena naturaleza con minucioso detalle y, después, utilizados por el artista como las piezas de un moderno sistema de arquitectura pictórica con las que construir, lejos ya de la naturaleza –en el taller–, los paisajes sublimes que han hecho de él el pintor más importante del Romanticismo.

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