¿A qué huelen las cartas?

Hagan juego

Pornografía o erotismo. No tengo clara la diferencia pero me gustaría. Me entra un escalofrío sólo de pensar que un día me conecto a xnxx.com y, por no saberla, acabo viendo Emmanuelle IV todo palo. La duda, casi en forma de iluminación, me vino el otro día. Estaba contemplando el tarot de Manara (en la imagen), ese dibujante italiano que hace 20 años me provocó sudor frío con El Clik. Ahora, me deja indiferente. Y no es que me haya hecho mayor –hace tiempo que me limito a cumplir años-, es que cada vez tengo las ideas menos claras.

Aunque no es de mis favoritas, reconozco que la baraja tiene su gracia. El problema es tratar de leerle el futuro a alguien y toparte con cartas como La Fuerza (una joven asida a un nardo de proporciones bíblicas) o la Reina de Fuego (una chica haciéndose un cholo), por citar sólo dos. Cualquier honrado tarotero te dirá que para engañar a un incauto es mejor dejar que las cartas cuenten una historia, y el de Manara no la cuenta. Si fuera pornográfico o erótico, a lo mejor, pero no las dos cosas a la vez, no. El italiano no lo tuvo claro cuando diseñó su baraja. Quizás lleve tanto tiempo cumpliendo años que ha empezado a envejecer y escenas que no ruborizarían ya ni a una carmelita le parecen el no va más de la provocación. Lo prohibido ya no es lo que era.

Más suerte, creo, han tenido en Dolce & Gabbana. Con Anthology su última colección de perfumes -¿perfumes o fragancias?, otro debate absurdo- han jugado mejor sus cartas. La idea de bautizar con nombres de naipes de tarot a los frascos me parece excelente, y mucho más la de llenar las paradas de autobuses de fotos de Naomi Campbel, Noé Mills, Eva Herzigova o Claudia Schiffer como Dios (que no existe) las trajo al mundo. Eso sí, sin enseñar. Sólo insinuando.

Dudo que un mago de la Edad Media oliera a cedro y vetiver (¿qué coño es eso?, como le dijo el sujetador a las bragas), pero seguro que tampoco se parecían a Tyson Ballou (para mí que tenían más pinta de príncipe de Beckelar). Dirán (y dicen las promos) que eso representa poder, creatividad, habilidad, autocontrol y no sé que más. Mentira podrida. Te puedes beber el frasco entero que seguirás sin parecerte a Ballou. Pero como estrategia comercial es excelente. Y lo dicho sirve para el resto de naipes-perfumes (La Luna, La Emperatriz, Los Amantes y la Rueda de la Fortuna). La estrategia es vender erotismo, pero es difícil que no te entren ganas de dedicarles a todos (juntos y/o por separado) una piña. A veces el erotismo no es más que la pornografía de los que tienen estudios.

Y más

Será casualidad, causalidad, o que todos los diseñadores son una banda de gayolos que se copian entre sí, pero antes del verano Pedro del Hierro presentó su colección de Alta Costura y su fuente de inspiración fue -¡qué original!- el Tarot. Leo por ahí, y de paso cortoypego, que en los modelos “destacan materiales como la gasa de seda, los tules y la pasamenería de encaje”. Me lo creo, aunque el único diseñador que conozco es Levi’s Strauss. Por lo visto, se inspiraron en cartas como La Emperatriz, El Diablo, El Mundo o El Sol. Así hasta diez. Eso sí es erotismo. Aún puestos en maniquís sin cabeza (¿una metáfora?), los trajes te hacen imaginar a las mujeres que los pueden llevar y te enamoras por delegación.

¿Pornografía o erotismo? ¿Exceso de frente o ausencia de pelo? Debates absurdos que probablemente no llevan a ningún lado. Ni falta que hace. Después de todo, yo sólo había venido a hablar de mi libro.

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