El (otro) guardián entre el centeno
Me dieron una habitación piojosa, sin nada que ver por la ventana excepto la otra parte del hotel. Tampoco me importaba mucho. Estaba demasiado deprimido como para preocuparme de si tenía o no una buena vista. El botones que me condujo hasta la habitación era un tío muy viejo, de unos sesenta y cinco años.…









